Buscar

Siempre llego tarde

Novelas y Relatos de Carmen Fernández

Categoría

Mis novelas

India

Scan 1  La novela que lleva el título de NO PUEDO VIVIR SIN TI, empieza de forma muy trágica.

Es precisamente esa tragedia lo que motiva esta historia. Se desarrolla entre Madrid y la India. Esta imagen es del Fuerte Rojo de Delhi, uno de los espacios donde tiene lugar la narración.

Auténtica tragedia e irrealidad nos acompañan a lo largo de los distintos capítulos. Por mor de la autora podemos escuchar los pensamientos de una de las protagonistas, pensamientos que ayudan a comprender la evolución de una persona a causa de su amargura y desengaño de la vida.

Hay inocentes que se inmolan por amor, pero el destino no las trata de igual manera, tampoco sus creencias son las mismas.

El desenlace, por inesperado no conviene contarlo, perdería su sorpresa.

En mi anterior novela podemos decir que todo acaba bien y no descubrimos nada, pero de “No quiero vivir sin ti”, no podemos emitir ningún juicio, sin estropear todo el argumento.

Aventura de cuatro primos

Uno de mis jóvenes personajes femeninos, Carmen, se enamoró en Caralvalle del que consideraba su mejor amigo, sin ser muy consciente de la clase de sentimientos que había despertado en ella aquel chico tan divertido e inteligente.

Ya en su colegio piensa en él con mucha frecuencia, sabe que no lo volverá a ver hasta que acabe el curso, y siente una cosa que tampoco identifica, pero nosotros sabemos que se parece mucho a la nostalgia.

Él les ha asegurado este verano que siempre estaría dispuesto a ayudarles cuando lo necesitasen. Se lo dijo a los cuatro, pero la joven piensa que era un mensaje dirigido a ella.

Tienen algunos problemas y sienten que lo necesitan, pero él no está ahí. Y sin embargo, es cierto que no los ha abandonado, que está muy cerca.

Más tarde lo comprenderá. ¡Nunca se ha alejado de ella!

Más sobre El Río Mágico

Se miraron felices. Carmen movió con energía su cabeza impulsando su rubia melena, que bailó alegre al son que le marcaba su dueña. Sus ojos chocaron con los de su prima, mezclándose las chispitas que despedían en un quiebro cómplice con los rayos del sol.

Mientras Diego y Pablo avanzaban, Carmen paró y permaneció unos segundos quieta, puesta su mirada en Patricia que de repente parecía pensativa. los chicos, al ver que avanzaban solos volvieran la cabeza. Algo en la actitud de Patricia les hizo quedarse también parados antes de seguir el descenso a la orilla.

—Qué raro —dijo al fin Patricia—. primero, un puente sin río, y ahora, un río sin puente; no podremos atravesarlo. Puede que sea demasiado profundo o igual hay corrientes de esas peligrosas. ¿Qué vamos a hacer?

—Pues lo que teníamos planeado… —dijo Carmen, tratando de calmar las inquietudes de Patricia, cuyas dudas sensatas no sabía resolver en ese momento–. Primero, nos refrescaremos en el río; comeremos algo tranquilamente y luego miraremos cómo y por dónde podemos atravesarlo para buscar las cuevas. Seguramente, el año pasado, el río pasaba por debajo del puente, pero con las tormentas y las inundaciones de esta primavera ha debido cambiar su curso.

—¡Pero si Tatiana y Jorge lo han visto este verano!   —afirmó Diego con rotundidad, sin comprender muy bien cómo se le podían olvidar a su hermana cosas tan elementales.

Patricia miró a sus primos pensando que nada de eso resolvía sus dudas, pero que podrían seguir los consejos de Carmen y aplazar la solución para el momento en que ya hubieran descansado después de un buen baño y una agradable comida.

Mientras Carmen, Diego y Patricia hablaban, Pablo ya se había puesto manos a la obra; se había acuclillado a la orilla del río y se disponía a meter sus manos en el agua. De repente, su voz sonó espantada.

-¡Uf! ¡Qué asco!, ¡qué asco!, ¡qué asco!

-¿Qué te pasa, Pablo? –preguntaron los tres casi al unísono.

-Que el agua está asquerosa.

Los tres sabían lo escrupuloso que era Pablo, por lo que no dieron demasiada importancia a los exagerados gestos de asco que seguía haciendo. Así que, mientras reían, se fueron quitando la ropa hasta quedar en bañador.

Diego fue el primero que se acercó a la orilla para meter el pie con cuidado y apreciar la temperatura del agua, que ya barruntaba sería, cuando menos, fresquita. Pero Patricia, acostumbrada a bañarse en aguas de cualquier temperatura sin importarle lo muy frías que pudieran estar, se metió en el río de un salto.

Carmen se quedó paralizada junto a su ropa al escuchar los gritos de los dos.

Diego había metido un pie y parecía que no lo podía sacar, con apreciable esfuerzo intentaba sacarlo sin lograrlo. El líquido parecía sujetarlo.

Patricia permanecía en la orilla chillando, pero sin intentar salir del agua. La confusión para Carmen era total.

¿Alguien me puede explicar qué pasa?

¡Cuidado, no te metas al agua! —Le grito Diego justo en el momento en que lograba mover su pie y sacarlo. Después le dijo a Patricia que hiciera un esfuerzo y saliera del agua rápidamente.

Si quereis seguir leyendo:

http://www.amazon.es/R%C3%ADo-Mágico-Aventuras-cuatro-primos-ebook/dp/B00I13O4WS/ref=sr_1_2_twi_1?ie=UTF8&qid=1418143932&sr=8-2&keywords=El+R%C3%ADo+Mágico

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico o mecánico, por fotocopia, por grabación, o cualquier otro medio, sin el previo permiso escrito del titular del copyright

El Río Mágico

clematis-3clematis-4

Esta apreciación idílica de la montaña desde el valle, en el que habitaban veraneantes y lugareños en sólidas casas de piedra con tejados negros de pizarra, o en las distintas casas diseminadas en torno al pueblo, de una construcción más moderna, aunque menos robusta, no se correspondía con su aspecto si se miraba desde el lado opuesto, es decir, desde el bosque que se extendía del otro lado del pueblo y que era donde realmente nuestros protagonistas iban a vivir los momentos más intensos de su aventura.

En realidad, al atravesar una antigua muralla, que en tiempos remotos debió servir para proteger al pueblo, la fisonomía de la montaña cambiaba completamente.

Tras un corto recorrido de pendiente ligera se accedía a un bosque no muy espeso, que después de una travesía de unos veinte o treinta minutos a paso normal, servía de base a una montaña escarpada, con un primer tramo casi perpendicular al camino, como si hubiese sido cortado de forma muy irregular para evitar la tentación de acceder a su parte más alta.

Si quieres continuar leyendo:

http://www.amazon.es/R%C3%ADo-Mágico-Aventuras-cuatro-primos-ebook/dp/B00I13O4WS/ref=sr_1_2_twi_1?ie=UTF8&qid=1418143932&sr=8-2&keywords=El+R%C3%ADo+Mágico

Más de “El Río Mágico”

portada el rio magico En Caralvalle, pueblo andaluz de mi invención, existía una hermosa montaña que describo en El Río Mágico:

La montaña, vista desde el valle donde estaba enclavado el pueblo, tenía laderas suaves y el camino estaba muy bien delimitado; daba la sensación de que circundaba a la montaña, como si se tratase de la línea más oscura de la cáscara de un caracol, y por esto, al monte se le conocía como “El caracol”.

En realidad, el camino serpenteaba dando la vuelta sobre la misma cara de la montaña una y otra vez, casi de forma paralela, pero el efecto óptico lo asemejaba más a la espiral de un caracol que a unas paralelas.

La pendiente era poco pronunciada en sus primeras vueltas; sus abundantes arbustos, de tonos ocres y verdes desvaídos, con ligeras pinceladas blancas o rosáceas, apenas perceptibles al mirar desde abajo, se mezclaban con frondosos árboles de un color esmeralda en claro contraste con los granates de los árboles del amor o ciruelos falsos que, de trecho en trecho surgían orgullosos; los espacios amplios, que cada cierta distancia se habían aprovechado para colocar bancos y mesas rusticas, y que le daban un aspecto vacacional, invitaban a disfrutarlo augurando un plácido descanso. Tanto para el cuerpo como para el espíritu.

El aire estaba impregnado del grato perfume que desprendían algunos de aquellos arbustos, como el tomillo, el romero, la retama y la manzanilla que, con sus tonos rosados y blancos los primeros, amarillo oro en la manzanilla, liliáceos, azules y blanquecinos en el tomillo y el romero, aportaban también un luminoso y alegre cromatismo al conjunto.

Para seguir leyendo;

http://www.amazon.es/R%C3%ADo-Mágico-Aventuras-cuatro-primos-ebook/dp/B00I13O4WS/ref=sr_1_2_twi_1?ie=UTF8&qid=1418143932&sr=8-2&keywords=El+R%C3%ADo+Mágico

La Montaña Áurea.

La Montaña Áurea.

En esta ocasión os quiero presentar a un malévolo personaje de mi libro. Una famosa catedrática de Egiptología. Aunque es pura ficción está inspirada en alguien que conocí en mi primer viaje a Egipto.

Se que no descubro nada si digo que Egipto es una maravilla. Volví una segunda vez y no me importaría repetir, por supuesto siempre incluyendo una navegación por el mítico Nilo y un baño a su paso por la antigua Nubia. Aguas cristalinas y arena del desierto nubio.

 Capítulo II:  Egipto

Ante el espejo, Tamoú se observó satisfecha de la imagen que le devolvía el cristal azogado. Parecía la representación de su idolatrada Isis. Un precioso y etéreo vestido azul muy pálido, de gasa plisada desde los hombros caía a lo largo de su esbelta figura, hasta rozar el suelo. Una banda de color azul intenso, acentuaba la estrechez de su cintura, en su parte delantera, dejando libres los pliegues de la espalda.

En los parpados, el maquillaje utilizado tenía el mismo tono azul intenso. Sus ojos, profundamente negros, estaban remarcados por líneas igualmente negras, que se expandían mucho más allá del final de sus pestañas. Se había maquillado utilizando los productos naturales que a lo largo de siglos habían empleado reinas y princesas egipcias. Desde los tiempos más remotos habían potenciado la belleza de sus rostros con aquellos polvos que les permitían destacar su hermosura, brillando con luz propia en la capital del reino: Menfis primero, más tarde en Tebas, gracias a aquella paleta multicolor que resultaba tan atractiva.

Había seguido el ritual que ella, Tamoú, tan bien conocía. El efecto estaba a la vista. Una cinta con pequeñas piedras colgando alrededor de su cabeza, sujetaba su abundante mata de pelo azabache. Una gargantilla y unos brazaletes en oro y lapislázuli le servían de complemento. ¡Ya podía comenzar con los conjuros!

Inició sus invocaciones a Isis y a Set, quemó diversas hierbas, cuya exhalación unida al humo, efecto de la combustión, tenía la facultad de transportarla en el tiempo y en el espacio -así se sentía Tamoú-. Habló con su admirada Isis y rogó su intercesión a Set. Cuando estuvo segura de haber logrado sus peticiones, dio las gracias y permaneció unos minutos leyendo aquel antiquísimo libro. Después realizó unos extraños movimientos sobre una piedra verde.

Una sonrisa malévola y triunfal se dibujó en su rostro excesivamente maquillado, pero que no lograba disminuir el efecto aterrador de su satisfecho gesto. Aquella poderosa imagen hubiera provocado estupor, desconcierto, incluso miedo, en cualquier mortal.

Continuar leyendo amzn.to/2VEiQjO

TURQUÍA: ESTAMBUL Y CAPADOCIA

IMG_1771IMG_1796-1IMG_1794 A pesar de llegar tarde a tantas cosas, he dispuesto de tiempo para realizar distintas actividades que me han resultado sumamente satisfactorias. Una de ellas ha sido viajar por los cinco continentes (por unos más que por otros). Uno de los viajes más gratos ha sido a Turquía. Lo he visitado hasta cuatro veces, dos con mi marido y los otros con mis hij@s y niet@s.

Pero solamente en uno de esos viajes hemos recorrido ese lugar mágico que es La Capadocia. Fue en el viaje que hice con dos de mis hijas y dos de mis niet@s. Más adelante este concreto viaje me serviría para escribir alguno de los capítulos del texto que os voy mostrando.OLYMPUS DIGITAL CAMERAOLYMPUS DIGITAL CAMERAimages

Amazon: https://amzn.to/2VEiQjO

Capítulo XII de La Montaña Áurea

¿En qué día estamos? Es extraño, ninguno de los doctores que me visita consigue saber por qué, pero, siempre que tengo unos sueños tan intensos, que me hacen vivir otra vida, como si fuera real…, sufro una desorientación. Es como si el tiempo que transcurre durante mi sueño se fuera descontando en mi vida, de mi auténtica existencia. Yo tampoco consigo encontrar la causa de mi aturdimiento. No termino de acostumbrarme, y eso que ya no me causa el pavor que me producía cuando empecé a experimentarlo. ¿Cuánto tiempo hace? No. Tampoco lo recuerdo. Pero no deseo perder el tiempo en estas divagaciones, prefiero revivir… tal vez sería más exacto escribir que prefiero resoñar lo que me ha acaecido esta noche.

Qué extraños son los sueños. Hasta hace muy poco, yo nunca había visto a mi primo Arthur, y en el primer sueño, de los que yo llamo reales, por la intensidad con que los vivo-sueño, aparece en mi laboratorio. Ya no me extraña soñar con ese laboratorio, me siento en él tan a gusto. Tanto, que cuando para inducirme al sueño hipnótico me piden que busque o me traslade mentalmente a un lugar donde me sienta feliz, siempre acudo a los mismos dos lugares favoritos, el que llamo mi laboratorio, donde me dedico a investigar, y otro que utilizo algunas veces. Se trata de un enorme y precioso salón que se encuentra en una montaña, pero con la peregrina cualidad de tener sus paredes de cristal. Un cristal que en lugar de contener plomo contiene oro. ¡Qué cosas! Desde allí, cómodamente instalada, me siento rodeada de una exuberante naturaleza, un bosque opulento y un valle de intenso verdor que se divisa por todas y cada una de sus caras acristaladas.

Allí, primero en el laboratorio y más tarde en el salón de una montaña, que en el sueño considero mi hogar, me he encontrado con Arthur, pero eso quizá no tiene nada de extraño, ya que desde que lo he visto en Estambul, siento que hay empatía entre nosotros y lo recuerdo muy a menudo. Por eso no me parece tan extraño. Lo que realmente resulta curioso es que lo sentía como si fuera mi hijo. Creo que esto significa que mi naturaleza de mujer me recuerda que va siendo hora de experimentar y saborear la maternidad. Pero es gracioso. ¡Arthur, mi hijo! No sé exactamente cuántos años tiene, pero creo que es algo mayor que yo. ¿Y quién era su padre? ¡Porque a este sueño no le ha faltado detalle! ¡Su padre! ¡Lyonel!, que es como se llama de verdad, o sea en el mundo real, su padre.

Claro que aún es más gracioso soñar con alguien a quien no has visto en tu vida, porque yo no conozco a Lyonel. Solo aparece en mis sueños. Nunca lo he visto, ni en persona ni en fotografía, aunque sí he oído hablar de él, ¡naturalmente! Lyonel en la realidad es mi tío. Se casó con la única hermana de mi padre; no obstante, por problemas familiares, nunca nos hemos visto ni nos hemos comunicado. Pero esa cara que le adjudico en mi sueño estoy segura de haberla visto más veces en algún otro sueño. No sé de qué conozco esa cara, es posible que la haya visto en algún lugar… hace tiempo… y me haya impresionado hasta el punto de adjudicársela al padre de Arthur, aunque ahora no lo recuerde. Bueno, puede ser que me la haya inventado con retazos de una y otra cara. Aunque… para que se repita más de una vez, creo yo que en algún sitio la habré visto. No sé. Pero el caso es que, en mis sueños, esa cara pertenece a Lyonel. ¡Y me gusta!

¿Qué aspecto tendrá realmente Lyonel, el auténtico padre de Arthur? Si lo pienso bien, hasta le he puesto en mi sueño algún rasgo, con cierto parecido a Arthur. Pero por mor del sueño, Lyonel es también mi marido. ¿Por qué sé que en el sueño Lyonel es mi marido? No recuerdo que en ningún momento se haya hablado de marido… ni de hijo; sin embargo, yo estaba segura en el fondo de mi corazón de que ellos eran mi marido y mi hijo.

 

Sophia sonríe satisfecha de poder sentir parecidas sensaciones a las que había experimentado mientras dormía. Continúa escribiendo.

 

Qué emotivo es este mundo de los sueños, tengo que ahondar más en él. Me emocionó profundamente el abrazo de Arthur, pero cuando Lyonel me besó suavemente en los labios a modo de saludo, todo mi cuerpo se estremeció. Ahora mismo, y solo de recordarlo, sigo sintiendo ese dulce escalofrío. No quiero olvidarlo. Quiero… Deseo que mis sueños se vuelvan realidad… un marido como Lyonel al que amar, como siento que le amo mientras duermo, y que me haga sentir tan amada como presiento que lo soy en mi sueño… Bueno, no todo lo que he soñado puede ser realidad. ¿Qué iba a hacer yo ahora con un hijo mayor que yo? —Sophia ríe al pensarlo—. Pero cuando tenga edad para ello, quiero tener un hijo que me enternezca como el Arthur de mis sueños y…

 

Queda un momento con la mirada perdida, saboreando la idea de hacer realidad sus sueños. Vuelve de nuevo la vista al papel y continúa saboreando sus gratas impresiones.

 

Me ha gustado ser una mujer inteligente, activa, valorada por todos mis compañeros, con un interesante trabajo, donde me muevo con resolución, sin que nada me atormente. Soy una mujer sana y culta. Estoy más viva que cuando me despierto. Cuando estoy despierta, como ahora, soy una joven enfermiza, siempre rodeada de médicos, tomando potingues, dejando que todos decidan por mí… como si no tuviese voluntad… como si yo no fuera capaz de realizar nada por mí misma. Definitivamente, me gustan más mis sueños que mi realidad. No me importaría sacrificar…

Unos golpecitos en la puerta la sacan de su abstracción. Casi sin dar tiempo a que Sophia pueda responder, la puerta se abre bruscamente, dando paso a su padre.

—¡Sophia! ¿Qué estás haciendo? ¡No has llamado para el desayuno y estás levantada y escribiendo! —el tono de Horacio es claramente molesto.

—No te enfades, papá, estoy escribiendo mi último sueño. Ha sido muy curioso y me ha hecho sentir bien. No quiero que se me olvide. Luego te lo cuento y nos reiremos juntos. Verás…

 

Seguir leyendo:

Amazon:http://www.amazon.es/MONTAÑA-ÁUREA-CARMEN-FERNÁNDEZ-ALSASUA-ebook/dp/B00AI71Q3A/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1413736727&sr=8-1&keywords=la+montaña+aurea

Crea tu propio blog con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: