Hoy, revisando alguno de mis viajes, he abierto el álbum que correspondía a Bali, y lo que he visto me ha recordado un espectáculo con moraleja. Se trata de «La Danza del Barong». He sentido la imperiosa necesidad de comentarlo aquí, para poderlo compartir con todos vosotros.

No había olvidado la impresión que me ocasionó contemplar, en un teatro al aire libre y rodeada de una vegetación lujuriosa, esta representación tan exótica y atractiva. Otras impresiones quedaron escritas para salvarlas del olvido.

En Bali Las bailarinas son muy respetadas, las preparan para el escenario desde los cinco años. Su delicadeza de movimientos es insuperable, principalmente sus manos. Cada dedo se mueve con independencia del resto, si le añadimos que sus brazos parecen tener movimiento giratorio de 360 grados, la figura resultante es más grácil que la de la más delicada figura de porcelana. Podría añadir que su vestimenta de bonitos y variados colores realza esa imagen menuda, que se mueve con tanta elegancia sobre el escenario.

Danza y teatro balines van muy unidos y la representación más típica es precisamente la danza del Barong.

El Barong es el rey de los buenos espíritus y Randa es una bruja que practica conjuros, es la representación del mal. Es como ya se adivina una lucha entre el bien y el mal.

Era un espectáculo extravagante y muy colorista y el tema denota el carácter infantil o ingenuo, de los habitantes de la isla. Se suceden luchas y bailes, muy artísticos, que denotaban la pericia y profesionalidad de los bailarines.

La historia es, para nuestra mentalidad, infantil y cruel a la vez. Trata de una madre que debe sacrificar a uno de sus hijos y una bruja que hechiza a buenas personas que no desean que se hagan sacrificios humanos. Cada vez que una de ellas se opone al sacrificio, la bruja la hechiza y la transforma en mala. Así que parece que gana el mal.

En uno de los últimos actos, el hijo, aparece atado a un poste y va a ser sacrificado, pero, tras unos bailes, Siwa (Shiva), aparece y le concede la inmortalidad.

Entonces Randa, la bruja, le pide su redención para ir al cielo, precisamente  se lo pide a la persona que pretendía sacrificar y que ahora es inmortal, y éste se la concede. 

La bruja va al cielo.

Pero cuando sus seguidoras quieren ir también al cielo, el ahora inmortal se lo deniega lo que ocasiona una lucha con las seguidoras de Randa (los buenos y las malas). Los bailarines y bailarinas ejecutan sus bailes, como una lucha, de manera soberbia. Para acabar con esa lucha, los sacerdotes matan a un pollo y expanden su sangre por el escenario y  los malos espíritus se asustan y desaparecen. Así que ninguno gana.

La moraleja es, que ni el bien ni el mal pueden triunfar en este mundo, solo hay que intentar mantener el equilibrio.